La Historia de Regina

Cuando estoy en casa, los domingos celebro la Misa en la capilla de nuestro barrio (kapilya). Un domingo, noté que había algunas caras nuevas en la comunidad, y pensé para mí mismo que por mucho tiempo había estado lejos de este lugar. He sido misionero Columbano por veinte años y fui asignado en otros países. Ahora, trabajo en Manila en nuestro programa de formación para que los estudiantes Columbanos tengan la oportunidad de tener unas vacaciones más frecuentes y largas en casa.

Soy de la diócesis de Ipil que está en sur el de Filipinas en Mindanao, en la provincia de Zamboanga Sibugay. Recientemente, he estado trabajando en Manila en la formación de nuestros estudiantes, también he comenzado a reconectarme con mi hogar BEC (comunidad eclesial de base). Nuestra capilla del barrio no tiene Misa todos los domingos, pero la comunidad tiene su propia liturgia dominical presidida por el kaabag (que significa en Inglés un ayudante, diputado o fideicomisario). La iglesia principal de una típica parroquia en Filipinas se encuentra en el centro de la ciudad y los barrios remotos dentro de la parroquia tienen su propia capilla (kapilya) visitada por un sacerdote una o dos veces al mes cuando también celebra la Santa Misa y otros sacramentos.

Una de las nuevas caras que se destacó para mí fue una nueva conversa a la comunidad. Su nombre es Regina. Eventualmente llegué a conocerla a ella y a su familia que fielmente asisten a la liturgia dominical. Regina solía pertenecer a una secta cristiana local pero no se sentía realmente en casa allí. Empezó a buscar una comunidad cristiana donde se sienta bienvenida y tiene espacio y tiempo para profundizar en su fe en Jesús. Ella comenzó a venir a nuestra kapilya los domingos y asistió a las clases de catecismo, y sintió que está era la comunidad adecuada para ella. Ella decidió ser bautizada primero, y luego sus dos hijas fueron bautizadas cundo tenían once y nueve años en ese momento. Ahora, ellas está preparando a su hijo menor (un niño de 8 años) para el bautismo.

Encuentro su historia muy conmovedora, porque no es común en las Filipinas tener adultos convertidos al catolicismo en un país donde la mayoría de las personas son católicos. Simplemente damos por sentado que tenemos mucha gente que va a Misa todos los domingos y otros que simplemente perteneces a sus propias iglesias cristianas. Esto podría hacernos olvidar el hecho de que hay otras personas que están genuinamente en busca de una comunidad a la que puedan pertenecer.

Cada vez que estoy en casa para un descanso y tengo la oportunidad de celebrar la Santa Misa en la capilla de nuestro barrio, me aseguro de platicar con Regina y sus hijos después de Misa. Las dos hermanas son ahora monaguillos y muy felices de venir con su madre a la kapilya los domingos. Los niños también participan activamente en las actividades juveniles de la parroquia. Estoy feliz de que hayan encontrado una comunidad donde se sienten bienvenidos, seguros, alegres y tienen un sentido de pertenencia.

Recuerdo al Papa Francisco diciendo que el Evangelio es proclamado efectivamente no por la fuerza sino a través de la ternura y la misericordia. Atraemos a las personas a nuestra comunidad cuando tratamos de vivir el Evangelio en palabras y hechos. Que Regina y su familia, a través de la gracia y misericordia de Dios, profundicen en su fe en Jesús y sean capaces de experimentar el verdadero gozo de su nueva comunidad recién descubierta.

Revista