Tú concediste a san Jerónimo un amor apasionado
por la Sagrada Escritura y el deseo
de que tu pueblo conociera tu Palabra.
Dame esa misma hambre de la Biblia.
Abre mi mente cuando lea, aquieta mi corazón cuando ore
y ayúdame a poner en práctica tu Palabra.
Que la Escritura no sea solamente algo que leo,
sino una fuente viva de sabiduría que moldee
mis pensamientos, decisiones, relaciones y mi fe.
Amén.