Pureza de Corazón

Oh María Inmaculada, tú conoces

¡Cuántas veces nuestras almas han sido santuarios
de tu Hijo que odia la iniquidad!

Danos, pues, un profundo odio al pecado y pureza
de corazón que nos apegue a sólo Dios
para que cada pensamiento, palabra y obra
nos conduzcan a Su mayor gloria.

Alcánzanos también un espíritu de oración y abnegación
para que podamos recuperar por la penitencia
lo que hemos perdido por el pecado y llegar
a esa morada bendita donde
tú eres la Reina de los ángeles y de los hombres.


Amén.