Nuestra Inmaculada Madre

Sagrada Trinidad, desde el primer momento de su concepción,
Tú preservaste a María de toda mancha de pecado original.

Nos maravillamos ante esta singular gracia que la preparó
para ser la Madre de nuestro Salvador.

A través de su intercesión, ayúdanos a decir "sí"
a Tu voluntad como ella lo hizo.

Purifica nuestros corazones y mentes para que podamos convertirnos
en dignas moradas para Cristo.

Madre bendita, tú que eres llena de gracia,
reza por nosotros, pecadores, y ayúdanos a crecer en santidad
y virtud cada día de nuestras vidas.


Amén.