La luz de tu gracia

Padre celestial,
tu Hijo nos enseñó
que una lámpara no se enciende
para ocultarla debajo de un canasto,
sino para ponerla sobre el candelero.

No permitas que ocultemos nuestra fe
por miedo o vergüenza.

Que la luz de tu gracia brille
a través de nuestras obras,
de nuestra paciencia y de nuestra alegría.

Que otros vean esa luz en nosotros
y sean conducidos a darte gloria,
a ti, Padre nuestro, que estás en el cielo.


Amén.