Padre celestial,
tu Hijo no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores.
Se sentó a la mesa con publicanos y excluidos,
ofreciéndoles una vida nueva.
Te damos gracias porque también nos llamas a nosotros,
a pesar de nuestra indignidad.
Concédenos la gracia de dejar atrás nuestros ?puestos de recaudación?,
los hábitos y apegos que nos apartan de ti,
y de seguirte hoy
con un corazón entero y sin divisiones.
Amén.
tu Hijo no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores.
Se sentó a la mesa con publicanos y excluidos,
ofreciéndoles una vida nueva.
Te damos gracias porque también nos llamas a nosotros,
a pesar de nuestra indignidad.
Concédenos la gracia de dejar atrás nuestros ?puestos de recaudación?,
los hábitos y apegos que nos apartan de ti,
y de seguirte hoy
con un corazón entero y sin divisiones.
Amén.
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