El llamado de Leví

Padre celestial,
tu Hijo no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Se sentó a la mesa con publicanos y excluidos,
ofreciéndoles una vida nueva.

Te damos gracias porque también nos llamas a nosotros,
a pesar de nuestra indignidad.

Concédenos la gracia de dejar atrás nuestros ?puestos de recaudación?,
los hábitos y apegos que nos apartan de ti,
y de seguirte hoy
con un corazón entero y sin divisiones.


Amén.