Señor Jesús, hablas con suavidad a quienes están dispuestos a escuchar.
Aquieta el ruido interior que ahoga tu voz.
Concédenos corazones atentos, abiertos a la Sagrada Escritura,
a la conciencia y a las necesidades de los demás.
Ayúdanos a resistir la distracción y la prisa para que podamos reconocer
tu presencia a lo largo de este día.
Que tu palabra eche raíces en nosotros y dé fruto
en paciencia, misericordia y paz.
Amén.
Aquieta el ruido interior que ahoga tu voz.
Concédenos corazones atentos, abiertos a la Sagrada Escritura,
a la conciencia y a las necesidades de los demás.
Ayúdanos a resistir la distracción y la prisa para que podamos reconocer
tu presencia a lo largo de este día.
Que tu palabra eche raíces en nosotros y dé fruto
en paciencia, misericordia y paz.
Amén.
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