Encontrando a Cristo en otra cultura

Durante las cinco semanas antes de Navidad en 2017, dos seminaristas diocesanos de Adelaide, Australia, Anthony Beltrame y Olek Stirrar, participaron en una experiencia pastoral junto al Padre Columbano Dan Harding en la parroquia de San Columbano en Santiago, Chile. Esta es su historia…

“Hay muchas cosas que siempre recordaré sobre nuestra asombrosa experiencia en la Iglesia en Chile, la cultura y la gente chilena. Siempre recordaré que los chilenos son personas hermosas con corazones calurosos. Son muy amigables y acogedores. Son muy apasionados y expresivos – no temen demostrar sus emociones y creencias,” dice Olek sobre su tiempo en Chile.

Los seminaristas Anthony y Olek llegaron a Chile justo a tiempo para celebrar la fiesta de San Columbano el 23 de noviembre y para conocer a la comunidad Columbana que trabaja en Chile. También conocieron al arzobispo de Santiago, el Cardenal Ricardo Ezzarti, en la celebración Columbana.

Durante esas cinco semanas, Olek y Anthony vivieron en la parroquia de San Columbano en un área pobre a 12 millas del centro de la ciudad. A pesar de la barrera del idioma, ambos Olek y Anthony pudieron aprender mucho español es su corta visita y comunicarse bien con las personas locales.

Anthony recuerda: “al vivir en un área pobre, uno tiene que acostumbrarse a la atmosfera deteriorada de la pobreza, las carreteras malas, muchos perros callejeros, música a alto volumen, basura en las calles, casas de mala calidad, carros calientes y el alto nivel de criminalidad. Por las noches, frecuentemente, oíamos disparos y fuegos artificiales que anunciaban la llegada de un nuevo cargamento de drogas. Murales de colores resplandecientes llevan los retratos de los miembros de las gangas que han sido asesinados en la guerra de drogas local. Había uno de esos murales como a 30 millas de nuestro hogar.”

Anthony y Olek participaron en las actividades regulares, como misas de semana y domingo, funerales, bendiciones de casas, bautismos, unción de los enfermos, confesiones y el Consejo Pastoral Parroquial, de siete capillas que componen la parroquia de San Columbano. La misa de Noche Buena les pareció dinámica e interactiva al tener niños disfrazados y actuando la historia de la Navidad. 

Justo antes de la Navidad ayudaron a organizar y participar en una fiesta de Navidad para 70 niños de familias pobres. En otro momento, participaron en un programa y taller parroquial sobre jardinería orgánica y reciclaje. 

Cuando les pedimos que recordaran algo que resaltara de su visita, Olek compartió que “la Iglesia en Chile está viva. No es inusual ver estatuas religiosas o crucifijos en lugares públicos. Para mí lo mejor fue el Mes de María donde rezamos el rosario a diario, encaminándonos hacia la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María el 8 de diciembre.”

“Ese día tuvimos una procesión por las calles cargando la estatua de Nuestra Señora, diciendo el rosario y cantando canciones por un altavoz de camino a la Iglesia. Lo que verdaderamente me impactó en la Misa fue la presencia de un gran grupo de bailarines religiosos tradicionales con vestuarios muy resplandecientes y coloridos. Acompañados por trompetas, tambores y silbatos, cantaron y bailaron por el pasillo principal de la Iglesia durante la Misa de la Virgen.”

“Sí, fue asombroso,” recuerda Anthony. “También recuerdo las veces que salimos de noche con diferentes grupos parroquiales a visitar a las personas sin hogar, mayormente adictos, viviendo en chozas a los lados de la autopista y en el camino detrás de un gran hospital público.”

Ambos Olek y Anthony están de acuerdo en que la mejor parte de su visita fue la calurosa bienvenida que le dieron las familias chilenas. Olek dice, “La cultura chilena es muy animada y energética. Es costumbre saludar a una mujer con un beso en la mejilla aun cuando es la primera vez que la conoces.” 

“Fuimos afortunados al poder conocer muy bien a algunas familias chilenas” dice Anthony. “Participamos en fiestas de cumpleaños, incluyendo el mío. Fuimos a una graduación de la primaria de una de las hijas de una familia, varios juegos de fútbol con diferentes familiares, caminatas por el vecindario y hasta fuimos a una obra de teatro en el centro cultural local.”

“También tuvimos muchas fiestas donde bailamos, incluyendo estilos de baile latino contemporáneos y el baile nacional de la Cueca. Poder bailar y disfrutar es una parte asombrosa de la cultura.”

Familiarizarse con las familias locales también les dio una oportunidad a Olek y Anthony para ver de primera mano las condiciones sobrepobladas en las cuales muchas familias viven. “En una familia, tres hijos comparten un cuarto que mide 6.5 pies de ancho por 9 pies de largo. ¡Y eso es sin contar cuan pequeña es la sala!” recuerda Olek.

“Fue asombroso ver cuán avivada y apreciada es la parroquia y los Padres gracias a las personas. La experiencia fue fructífera para mí y mi fe. Siempre la mantendré en mi corazón junto con las personas que conocí,” concluyó Olek.

“También valoraré la oportunidad de tener un encuentro con Cristo en otra cultura, en otras personas y en otro lugar,” dice Anthony de su tiempo en Chile

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