Ven, Espíritu Santo

Espíritu Santo, fuego del amor divino, desciende una vez más sobre Tu pueblo.
Consume nuestra indiferencia y despierta en nosotros un hambre de santidad.

Llena a la Iglesia de sabiduría, valentía, compasión y unidad.

Inspíranos a perdonar generosamente, a servir con entrega
y a hablar la verdad con caridad.

Donde los corazones estén heridos, lleva sanación.

Donde la fe se haya debilitado, renueva la fortaleza y la convicción.

Que Tu presencia transforme nuestras vidas tan profundamente
que otros puedan ver a Cristo brillando a través de nosotros.


Amén.