Tu protección constante

Nuestra Señora del Monte Carmelo,
tú llevas el escapulario de quienes están consagrados a tu Hijo,
como signo de tu protección constante.

Hoy me pongo bajo tu manto.
Ruega por mí en mis pruebas y alcánzame la gracia
de perseverar en la fe, la esperanza y el amor.

Ayúdame a imitar tu «sí» a Dios, pronunciado una vez
en la Anunciación y vivido fielmente cada día desde entonces.

María, Madre del Carmelo, vela por mí y por aquellos a quienes amo.


Amén.