Espíritu de las Bienaventuranzas

Señor Jesús, Tú enseñaste que los pobres de espíritu,
los mansos y los misericordiosos son bienaventurados.

Hoy forma mi corazón según Tus Bienaventuranzas.
Donde haya orgullo en mí, hazme humilde;
donde sea duro, hazme amable;
donde niegue misericordia, enséñame a perdonar como yo he sido perdonado.

Que mi vida, incluso en medio de sus luchas,
refleje la sabiduría sorprendente de Tu Reino,
donde los últimos son los primeros y los humildes son exaltados.


Amén.