Una experiencia de la Semana Santa y una población que “vale su peso en oro”

Las impresiones iniciales

Hay muchas cosas que llamaron nuestra atención cuando llegamos por primera vez en la semana previa a la Semana Santa a la parroquia del P. Ed, Nuestra Señora de la Misiones entre las polvorientas calles de los suburbios del norte de Lima. La parroquia es una comunidad de comunidades, con decenas de miles de feligreses, que comprende más de 12 capillas y son atendidas por un gran número de líderes laicos, catequistas, misioneros laicos, religiosos y cuatro sacerdotes.

El P. Ed nos dijo que los feligreses continúan luchando a diario contra las injusticias y la pobreza buscando una vida mejor para sus hijos. La vida de los feligreses es dura, está marcada por todo tipo de privaciones. "Lleven con ustedes la memoria de la gran dignidad de los pobres", nos dijo uno de los sacerdotes residentes, el P. Columbano John Hegerty. En nuestra primera Eucaristía la fe del pueblo era evidente y expresada en música alegre y cantando con gran entusiasmo.

En una visita a las diferentes capillas, encontramos una iglesia con pies polvorientos, maltratados por las calles, un verdadero hospital de campaña de la compasión y la misericordia de la que habla el Papa Francisco. La parroquia estaba empezando a tejer su magia en nosotros. Nos dimos cuenta de la gran cantidad de carteles en las paredes, que resumen la evolución de cómo la fe debe ser vivida. Uno decía: "Discípulos y misioneros". Les pregunté si lo tomaron del Papa Francisco. "No", respondieron, "¡El Papa lo tomó de nuestra fe vivida aquí en el pueblo!"

Nos llamó grandemente la atención el nivel de planificación pastoral en todas las capillas. Los laicos, llamados Agentes Pastorales, hombres y mujeres jóvenes y adultos, se reúnen periódicamente para compartir el Evangelio y revisar y organizar el plan de formación y las actividades sacramentales y litúrgicas. Todo esto se basa en el trabajo detallado de la construcción de comunidades, en la que en cada capilla laicos y sacerdotes comparten la responsabilidad.

 

Semana Santa

El Domingo de Ramos nos unimos a las personas de una capilla en un polvoriento parque de fútbol y caminamos y cantamos en procesión a la capilla de "La Virgen Negra". La gente estalló en aplausos al final de la lectura del Evangelio. ¡Era como si Cristo, la Palabra, acabara de entrar en la capilla en persona! A continuación, la distribución abundante de agua bendita, de botellas de plástico de tres litros, empapando la entusiasta congregación que respondió con un gran aplauso y risa.

El Jueves Santo nos unimos a un grupo de feligreses para la caminata anual, organizada por los jóvenes, alrededor de las 12 capillas. La comunidad de cada capilla ofreció las oraciones, testimonios, comida y bebida. Un muchacho joven habló de cómo había recibido el apoyo de la comunidad después de haber tenido que dejar a su familia y a su padre alcohólico. Que había sido sanado por el cuerpo resucitado de Cristo y por una comunidad en movimiento de jóvenes y viejos, hombres y mujeres cuya fe es práctica, compartida, disfrutada y celebrada. Detrás de esta estaba la cuidadosa planificación, asignación de tareas, la evaluación y la formación - la lenta y deliberada construcción de una "comunión de comunidades'.

A continuación, asistimos a la Eucaristía de Jueves Santo en una de las capillas. Aquí 12 feligreses lavaron los pies de otros 12, dando señal del seguimiento de Cristo que mandó el servicio mutuo.

El Viernes Santo nos unimos con tres comunidades de tres diferentes capillas caminando el camino de la cruz. La Procesión pasó por las calles de tierra y las estaciones se realizaron en las casas de los feligreses. Los temas de oración fueron tomados de la vida de la gente frente a los grandes y enraizados problemas de pobreza que se presentan en estos asentamientos empezados sin iniciativa de la ciudad: la falta de atención de salud, las deudas, el abuso infantil, la desigualdad, el abuso a las mujeres, la corrupción política, la negación de los derechos humanos, la brutalidad y la pobreza misma. Simbólicamente, todas estas situaciones de sufrimiento fueron clavadas en la cruz. Jesús había muerto oponiéndose a estos males. La gente en éste su Cuerpo Resucitado continúa la lucha en su nombre.

La mañana del sábado, los líderes de la comunidad y los responsables de los programas de catequesis de las doce capillas, se reunieron para examinar las liturgias de Semana Santa que se habían llevado acabo hasta el momento y planificar los próximos pasos en el desarrollo del pastoral.

La Vigilia Pascual se vivió intensamente siguiendo paso a paso el ritual, encendiendo la vela Pascual, renovando las promesas bautismales y escuchando a historia de la salvación y la resurrección de Jesucristo. Después de la liturgia celebramos con música y baile en el patio polvoriento de la capilla. Nuestro viaje terminó con una Hora Santa, organizada por los líderes de la juventud en el Centro de Formación de San Martín de Porres, le llamaron “Un tiempo de reflexión con Cristo”.

 

Pensamientos finales

Pensando en nuestro viaje a Perú, ¿qué encontramos en Lima? Una comunidad Columbana en existencia desde 1952. Durante estos años, se han desarrollado muchas parroquias, comunidades, una escuela para necesidades especiales, centros infantiles y para mujeres, clínicas e iglesias. "Lleven con ustedes la memoria de la gran dignidad de los pobres", nos había dicho al inicio de nuestra visita el Padre John Hegerty. Sí ciertamente regresamos impresionados de todo lo que han logrado los laicos trabajando junto a los sacerdotes como socios en misión. Hace mucho tiempo Pizarro exigió que Atahualpa, el último rey Inca, sea rescatado por su gente ofreciendo una habitación llena de oro. Aquí los Columbanos proporcionan 'habitaciones' en las cuales las personas las están llenando con el oro de sus alegres comunidades y con su amor a Dios. La misión en Perú no tendrá muchos bienes materiales pero sin duda vale su peso en oro.

Liturgia