ASIA/IRAQ - Cinco años después de la huida de cristianos, crece la tensión entre el ejército y...

Mosul - Exactamente cinco años después del éxodo masivo que vació los pueblos de la llanura de Nínive en solo una noche, la región histórica de las comunidades cristianas de Iraq cotinua siendo el centro de tensiones y disputas entre el ejército nacional y las milicias étnicas nacidas durante la batalla contra el Estado Islámico.

En los últimos días, la Llanura de Nínive se ha convertido en el escenario de un tira y afloja entre el ejército iraquí y los milicianos de Hashd al-Shaabi, las fuerzas paramilitares chiítas, consideradas afines a Irán, que reivindican su papel en la lucha contra el Estado Islámico y en la liberación de Mosul del régimen yihadista. Las tensiones alcanzaron su punto álgido después de que el ejército iraquí tratara de recuperar el control de la zona, todavía en gran medida controlada por la milicia.

El lunes 5 de agosto, miembros de este grupo junto con sus partidarios implementaron una estrategia de resistencia contra los suministros del gobierno de Bagdad, bloqueando con quema de neumáticos las carreteras principales que conectan Mosul con otros regiones como Erbil, capital de la región autónoma del Kurdistán iraquí. Los manifestantes también arrojaron piedras y objetos contundentes a los soldados iraquíes, impidiéndoles avanzar.

La situación sigue siendo tensa y circulan rumores contradictorios. Por un lado, los portavoces de las Fuerzas de Movilización Popular hablan de un acuerdo alcanzado con las autoridades gubernamentales y el ejército para una gestión conjunta del control militar de la zona, para garantizar la estabilidad y también para seguir buscando antiguos simpatizantes y ex miembros del Estado Islámico en la región. Por otro lado, el primer ministro iraquí, Adel Abdul Mahdi, ha confirmado la desmantelación de los grupos armados en la Llanura del Nínive controlados por Hashd al-Shaabi.

Los enfrentamientos entre el ejército y los partidarios de las milicias que operan en la zona confirman que la llanura de Nínive sigue representando un área inestable, sobre todo desde el punto de vista de la seguridad.

Este factor también complica el esperado regreso a la zona de las decenas de miles de cristianos que, en la noche del 6 al 7 de agosto de 2014, se vieron obligados a abandonar sus casas por el avance de los terroristas del ISIS. El 1 de julio pasado, el primer ministro iraquí, Adel Abdul Mahdi, emitió un decreto pidiendo a las milicias paramilitares independientes que cerraran sus oficinas en los centros urbanos y tomaran una decisión clara entre continuar como grupos armados o convertirse en fuerzas políticas. La disposición del gobierno emitida el 1 de julio tenía como objetivo limitar la creciente influencia de las milicias chiítas en grandes áreas del país, y hasta ahora no parece haber alcanzado claramente este objetivo. Al mismo tiempo, los sectores populares que apoyan a las milicias chiítas que operan en Irak vinculan las medidas restrictivas del primer ministro Mahdi con las presiones al gobierno iraquí que proceden de Estados Unidos y de las potencias regionales como Arabia Saudita, preocupados por ver un aumento influencia iraní en Iraq.
 
 
 

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