Experiencia en la Frontera: Siendo evangelizados por los pobres

Autor: 
Maria Johnson

Kim Balkovec, Ernie May y Seirra  Seeley, tres miembros del equipo de trabajo de los Misioneros Columbanos en Estados Unidos viajaron por primera vez a  la frontera entre Estados Unidos y México para una experiencia de inmersión: un encuentro entre dos mundos: El Paso, en Texas, Estados Unidos y Juárez en México. Una de las cosas que sorprende a muchos Latinos es que haya gente en este mundo que nunca ha visto la pobreza. Al menos no el tipo de pobreza que se encuentra en los barrios pobres de Latinoamérica y que a algunos hace cambiar la manera de pensar y de vivir.

Conversando con ellos a su regreso Kim decía: “me di cuenta que somos tan engreídos en Estados Unidos. La vida nos ha dado tanto y lo tomamos como nuestro derecho. En el mini van que nos llevaba pedíamos que ajusten el aire acondicionado para que nos llegue bien a la parte de atrás y afuera veíamos a la gente, hombres, mujeres y niños tratando de vender cualquier cosita entre los autos que cruzaban la frontera bajo el fuerte sol de verano. Cruzar la frontera a Juárez es pasar a otro mundo. Y sabemos que esta pobreza existe, pero no es sino hasta que lo ves, en persona que te afecta. Te das cuenta que tu pequeña casa es un privilegio que la mayor parte del mundo no tiene. Que muchos en el mundo viven en situaciones infra-humanas, como muchos en el barrio de Rancho Anapra, en Juárez donde los padres Columbanos tienen la parroquia. Allí, familias de 4, 6 y más personas viven en una choza de una sola pieza. Allí vez a los niños corriendo y jugando en los arenales y te salta a la cara la realidad de que todo esto no es justo. No puede el país más rico del mundo creerse justo cuando tiene a su vecino en tal situación de pobreza y su mejor respuesta es levantar un muro y crear programas de libre comercio que destruye na los pequeños agricultores y negociantes y enriquece aún más a ricas corporaciones y a políticos corruptos. Es una injusticia que grita al cielo y que no construye paz, ni la verdadera prosperidad que esta paz trae”

Ernie May cuenta: “La visita al Centro de Misión Columbano en El Paso, Texas, fue una experiencia iluminadora. Fui con un gran grupo de compañeros de trabajo y otros visitantes que hicieron la experiencia más gratificante.

Pude ver de primera mano la situación de los inmigrantes y los trabajadores migrantes que vienen a los Estados Unidos en busca de trabajo y oportunidades de una vida mejor. Hemos experimentado todos los lados de la cuestión de la inmigración, la reunión con los oficiales de la Patrulla Fronteriza de EE.UU. y los abogados de inmigración; visitamos la corte federal, el centro de los trabajadores agrícolas migrantes y la Casa Anunciación, que proporciona refugio temporal a los inmigrantes. Visitamos la parroquia de los Columbanos, Corpus Christi en Juárez, México y la valla fronteriza México/Estados Unidos. En cada parada, hemos podido hablar con expertos locales, disfrutar de la cultura y obtener una mejor comprensión de las cuestiones de inmigración. La visita cambió mi visión de los temas de inmigración en los EE.UU. uniendo las caras a las estadísticas. Fue una experiencia gratificante que no voy a olvidar.”

Para Seirra nacida y criada en un ambiente de clase media en Estados Unidos, nunca había experimentado, ni visto, ningún tipo de pobreza de manera personal. Ella dijo: “Fue muy duro para mi ver en la corte a inmigrantes con cadenas en las manos y los pies, y que para ajustar sus audífonos de traducción tenían que levantar la pierna junto con la mano. Tratar de seguir al traductor que trataba también de alcanzar al juez que hablaba extremadamente rápido. Y como yo tantos no se dan cuenta que la vida para la mayoría de la humanidad, no les ofrece ni la mitad de las oportunidades. Que muchos niños crecen sin haber leído un cuento y sus Padres si saben leer, casi nunca cogen un libro y se sientan a leer.” Para Sierra fue muy duro ver ese otro lado de la humanidad, pero el encuentro no se quedó para ella en lo emocional, le ha dado una nueva energía y pasión por compartir con otros su experiencia y para contar en sus visitas y conversaciones con benefactores que sus donaciones a los misioneros Columbanos están haciendo una diferencia en la vida de los más pobres.

Durante toda la experiencia Kim se preguntó a sí misma muchas veces: “¿y qué tal si mi hija estuviera en esta situación? U otra persona que quiero. Yo lucharía hasta mi último aliento para que fuera tratada humanamente. Los agentes de migraciones hablaban en términos técnicos y de reglas y parecía que no querían detenerse mucho a pensar si son sólo gente desesperada, jóvenes, mujeres, niños, o criminales. Ellos también en cierta manera son parte de la tragedia humana que se vive en la frontera.”

La alegría y la sonrisa de los niños les llamaron la atención a nuestros amigos. Con una pelota  cualquier lugar se convierte en una cancha de futbol. Kim pidió a tres de ellos acercarse para una foto, lo cual hicieron con gran alegría. En agradecimiento Kim juntó todas las moneditas que le sobraban entre pesos y 25 centavos de dólares y se los dio a uno de ellos. El niño contemplando semejante riqueza dio  algunas monedas a sus otros 2 amigos y después llamó a todos los otros niños para compartir con ellos el resto de las monedas y su alegría. ¡No es raro que sean los pobres los que frecuentemente dan las mejores lecciones de generosidad!

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