Una cena de Pascua en Chile


La escena está llena de niños ansiosamente esperando su cena de Pascua. Los niveles de sonido están al máximo. En una esquina, los pequeños juegan un juego que no comprendo, pero en Chile me he acostumbrado a no entender las cosas. En el otro lado, los jóvenes juegan futbol y la pelota rebota en todas direcciones. Milagrosamente no golpea una cabeza por unas pulgadas. Sus madres hablan en el centro, vigilando el caos controlado. Los perros se pasean esperanzados, sintiendo que ellos quizás también recibirán un bocado aquí. 

La ubicación es el comedor del pueblito de Alto Hospicio, un pueblo al norte de Chile. Es un lugar minero en el desierto de Atacama, el lugar más seco del mundo. La ciudad se ha expandido de una población de 5,000 en 1992 a más de 100,000 actualmente. Muchos han sido atraídos por el prospecto de una vida mejor gracias a las industrias mineras o de pesca. 

El pueblito no es solo el hogar de los chilenos, pero también de migrantes de Perú, Bolivia, Colombia y otros países. Todos son bienvenidos al comedor – un área de comer polvorienta y afuera, con pocas facilidades para cocinas y solo unas cuantas mesas rodeadas de paredes improvisadas y un fregadero recién instalado. La religiosa Dora y las mujeres locales se han unido para crear un lugar de reunión para alimentar a los niños y apoyar a los que luchan para poder sobrevivir. Aunque es un lugar difícil para que los niños crezcan, no parece afectar sus actitudes mientras trepan las mesas y sillas.

Eventualmente, grandes cacerolas humeantes de guiso de pollo y arroz llegan, cortesía de Norma, residente local y nuestra cocinera por el día. Han sido donadas por la municipalidad para la celebración de Pascua. La comida es repartida rápidamente en bandejas plásticas y el sonido disminuye parcialmente mientras los niños comen alegremente. Hay muchas sobras para los padres también. Intento ser útil mediante la acción de servir.

Los niveles de entusiasmo vuelven a subir cuando los niños escuchan que hay pequeños huevos de chocolate para el postre junto con bolsas de dulces donadas por los miembros de nuestra parroquia Columbana, Sagrado Corazón de Jesús. Es genial ver tantos niños sonrientes mientras el tesoro es repartido.

Por unas cuantas horas, la cena de Pascua crea un lugar repleto de actividad y diversión compartida por la comunidad. Es un centro de esperanza y amor ante los retos de la vida. Louis Évely una vez dijo: “la mejor prueba de que Cristo ha resucitado es que aún vive. Y para la inmensa mayoría de nosotros, la única manera de verlo vivo es que nosotros, los cristianos, nos amemos.”

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