Noventa aniversarioAnimado por un viejo anhelo de ser misionero, el Padre Eduardo Galvin viajó a China en 1912, a sólo tres años de haber sido ordenado. El P. Galvin se sorprendió de la pobreza que se encontró en China, pero quedó aún más sorprendido de la pobreza espiritual. Había millones de gentes que no conocían a Cristo por la falta de misioneros. A pesar de su entusiasmo y dedicación, ¿qué podía hacer un sacerdote solo? La respuesta era más misioneros. Les escribió cartas a otros amigos sacerdotes en Irlanda, su país natal, solicitándoles su ayuda. En 1916 dos sacerdotes se le unieron, pero pronto se dieron cuenta de que si iban a lograr un efecto duradero necesitaban establecer una organización. Así que le urgieron a que regresara a su país natal y organizara una nueva sociedad misionera. En junio 1916, el P. Galvin viajó a los Estados Unidos y visitó a obispos y a otros amigos sacerdotes, compartiendo sus planes con ellos. En agosto, zarpó a Irlanda donde consiguió sus primeros candidatos. En octubre, la nueva sociedad contaba ya con ocho sacerdotes. San Columbano fue elegido como el modelo de misión para la nueva sociedad. Ese humilde inicio se convirtió pronto en una fuente abundante de gracias dentro de la Iglesia, dado que los Misioneros Columbanos hemos crecido en maneras que no podrían haber sido previstas hace noventa años. Sólo dos años más tarde, el 29 de junio de 1918, la Sociedad de San Columbano recibió su aprobación formal con la bendición del Papa Benedicto XV. Desde entonces, la familia Columbana (sacerdotes, religiosas y laicos) ha producido abundante frutos con la ayuda de un gran número de personas que se han unido a nuestra obra de amor, la cual se ha extendido a catorce países del mundo. “Esta es la obra de Dios, es una maravilla a nuestros ojos” (Sal 118, 23). Desde el inicio, nuestra sociedad misionera ha sido motivada por el deseo de obedecer el mandato de Cristo: “vayan y prediquen a todas las naciones” llevando Su mensaje de esperanza y salvación a los más pobres entre los pobres, manteniendo siempre en mente las palabras de nuestro Señor: “Cuanto hicieron con alguno de estos más pequeños, que son mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 25, 40). Este año que marca la celebración de nuestro Noventa Aniversario es ciertamente ocasión para dar gracias al Dios de toda misericordia, tanto por el don de su llamado como por la abundante cosecha espiritual que ha llegado a la Iglesia y al mundo a través de nuestra labor. La misión se compone de gente de fe incendiada con el amor de Cristo y los Misioneros Columbanos nos sentimos honrados de ser parte de esa historia. Pero la historia aún no termina: más capítulos serán escritos a través de las vidas de futuros misioneros. Ruego a Dios que usted se una a nosotros como misionero en cualesquier manera que sea la apropiada. Con inmensa gratitud, de usted en Cristo. Padre Arturo Aguilar |