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Sitio Columbanos
A pesar de todos los ideales para salvar al mundo que tenía cuando era pequeña, nunca imaginé que algún día dedicaría mucho tiempo a pensar sobre la política comercial de los Estados Unidos.
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Leer más...Por Teresa Polk.
El comercio es una parte importante e integral de las relaciones entre los países. Sin embargo, como gente de fe que somos, nos preocupa el que los tratados de libre comercio sean negociados para potenciar el avance de las élites ricas y poderosas, mientras se margina a la vez a un número siempre creciente de pueblos pobres. Creemos que los tratados de comercio deben tomar en cuenta a los miembros más vulnerables de la sociedad y no ponerlos en mayor riesgo, y a la vez deben respetar y conservar la integridad de la creación.
Papa Juan Pablo II, Centesimus Annus, 1991.
Una serie de nuevos tratados de libre comercio (TLCs) está siendo negociada a partir de la implementación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, y cada uno busca extender aún más el poder y los privilegios de las grandes corporaciones multinacionales. Al hacer un recorrido de la década desde que el TLCAN surtió efecto, las consecuencias negativas, tanto aquí en el país como en el extranjero, de una política comercial motivada por ganancias son cada vez más obvias, incluyendo la pérdida de empleos, la degradación del medio ambiente, la afectación de la agricultura en pequeña escala, las corrientes crecientes de migración, el aumento de precios y la disminución de salarios, etcétera, etcétera.
Las repercusiones de este modelo comercial son a menudo sentidas primero y más duramente por los miembros más pobres y más marginados de la sociedad. Por ejemplo, las comunidades campesinas pobres de los países en desarrollo no pueden competir con productos agrícolas subsidiados de los Estados Unidos.
Los medios de subsistencia de los campesinos se ven amenazados al caer barreras comerciales, obligando a muchos a tomar la difícil decisión de emigrar. Mientras tanto, la mano de obra es tratada como un artículo más sujeto a ser comercializado y explotado, y luego rechazado en búsqueda de ganancias, con una completa indiferencia a los derechos que tiene el trabajador a un salario justo, a ser sindicalizado, y a condiciones de trabajo seguras y salubres.
También el medio ambiente es visto principalmente como una potencial fuente de ganancias, abriendo las puertas a la privatización y explotación de las vías fluviales, los bosques, las minas, los depósitos de petróleo y gas, y otros recursos naturales. Hasta las semillas, las plantas y los conocimientos tradicionales se convierten en recursos redituables que son explotados y patentados, robando así a las comunidades sus herencias culturales y ecológicas.
La salud también se ve atacada debido a que las estrictas protecciones a patentes evitan que muchos habitantes de países en vías de desarrollo tengan acceso a medicamentos que pueden salvarles la vida en enfermedades curables, al evitar la entrada al mercado a las alternativas genéricas.
Concebimos una nueva política de comercio centrada en la dignidad humana y en el respeto a la creación. Los derechos de campesinos y trabajadores, la dignidad en el trabajo y una distribución justa de las ganancias deben respetarse por los tratados comerciales, mientras que el desarrollo sostenible y el cuidado del mundo natural deben tener precedencia sobre las ganancias corporativas. Los tratados comerciales deben ser negociados con una participación significativa de la sociedad civil, y deben apoyar a democracias frágiles al no socavar la habilidad de los gobiernos para legislar en bien del interés nacional. Enfatizamos que la integración económica no es el fin en sí mismo, sino que, basado en principios de justicia, igualdad y solidaridad, debe ser el medio que promueva el bienestar de todos.