Raza, Etnia, y Cultura

En el mundo de hoy, tensiones entre razas, etnias, y culturas han aumentado. Hay movimientos polarizadores que parecen alimentar más odio que comprensión. Como misioneros que sirven en un país que no es de nuestro origen, tendemos a colocarnos en el medio de tales tensiones. ¿Qué postura adoptamos?

Por muchos años, trabajé en el sur de Chile que tenía una gran población de Mapuches. Hay una desconfianza histórica entre los Mapuches y los Chilenos. El territorio de los Mapuche nunca estuvo por completo bajo el control del gobierno chileno hasta finales de 1800. Para algunos, las heridas de la colonización estaban algo frescas. Un anciano mapuche me dijo como, de niño, la Iglesia le dijo que renunciara a sus formas tradicionales y como tenían que quemar todos los artefactos ceremoniales nativos. Uno de los pensamientos era de que uno sólo puede ser mapuche y no cristiano. Otra era, uno puede ser mapuche y cristiano pero no mezclar las creencias. Así, si uno participaba en una ceremonia mapuche, lo hacía como 100% mapuche. Cuando uno participaba en una ceremonia cristiana (por ejemplo la Eucaristía) lo hacía como 100% cristiano. Una tercera ideología era que uno puede ser mapuche y cristiano, y puede mezclar las religiones. Por ejemplo, en la celebración de la Eucaristía, se pueden añadir elementos mapuches. La última ideología era que uno puede ser solamente cristiano y nunca mapuche. Como se puede ver, hay una infinidad de matices que necesitan diferentes enfoques.

Cualquiera que sea la situación que encuentre un misionero, el centro de cualquier enfoque debe ser la dignidad humana del individuo y del pueblo. Durante mi trabajo misionero en el sur de Chile, me hice amigo de chilenos y mapuches de todas las ideologías. Escuché historias de injusticia y malentendidos. Sin embargo, la necesidad básica era escuchar con compasión y proporcionar una postura pacífica. Aun así, habrá momentos cuando una acción directa es necesaria con una postura clara a favor de uno y en contra del otro. En consecuencia, la centralidad es la dignidad humana.

Una vez, conduje a un pequeño pueblo para comprar suministros para mi casa. Llegué a una señal de alto y observé como una pareja mapuche cruzaba la calle frente a mi camioneta. Cuando se acercaron al otro lado, una camioneta de la policía se detuvo y cuatro oficiales salieron del vehículo. De inmediato agarraron al hombre y empezaron a golpearlo en la calle. La mujer gritó. Sin embargo, el hecho de que los oficiales no lo esposaran y lo llevaran al vehículo se me hizo sospechoso. Teniendo la fe de que los oficiales me reconocerían, salí de mi camioneta y grité, “¡Oye! ¡Qué está pasando ahí!” Los oficiales se detuvieron, subieron al vehículo, y se fueron. La pareja me dio las gracias y se fue.  Aunque no fue una gran acción, este pequeño acto es un ejemplo de cómo un misionero puede encontrar problemas de racismo, origen étnico, y cultura a diario. La primacía de la dignidad humana sobre cualquier ideología es un principio cristiano que debemos mantener siempre.

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